Sospecho que hay mujeres adolescentes que son hinchas del equipo de fútbol de la Universidad de Chile para escapar a una condición material que las determinaría, en otra forma, como flaites. Supongo que todos sabemos, más o menos, el significado que tiene la palabra “flaite”.
Sospecho que hay hombres que son hinchas del equipo de fútbol de la Universidad de Chile para escapar a una condición no material que los determinaría, en otra forma, como ordinarios (como normales, sin originalidad, como si ser hincha de la Universidad de Chile fuese el orgullo de ser perdedor, el orgullo de ser original o, en otras palabras: como si se pudiese ser “mejor perdedor”, es decir, perdedor, por la vía ilustrada ordinaria, es decir, por la vía ilustrada).
Supongo que todos no sabemos qué significa, aquí, “tonto”. Pero usted puede suponer, si así gusta: tonto (o “nerd”) es toda la inteligencia no flaite, es decir, la inteligencia ilustrada de la Universidad de Chile, la de todos los chilenos, es decir, una inteligencia trágica, desgraciada, sin identidad o, en otras palabras: con una identidad enajenada.
Sospecho que hay hombres y mujeres de todas las edades que son hinchas del equipo de fútbol de la Universidad Católica para dirigirse, desesperadamente, hacia la ridiculez (ellos mismos se saben ridículos, pero ganan otro tipo de cosas). En otras palabras: ser hincha de “la” Universidad Católica significa ser hincha de una economía del hincha, estrictamente, sin rodeos. Significa adherirse al fútbol como un lugar donde se pueden ganar otras cosas. En otras palabras: no se necesita una estructura fenomenológica para saber la condición histórica de qué significa ser hincha de la Universidad Católica; todos sabemos y ellos mismos también saben (lo cual no quiere decir que sean un equipo con autoconciencia. No; simplemente se saben de sí mismos). De lo que se trata es de elucidar la enajenación que se produce en el ser-la-condición-de-hincha que ciertos individuos tienen con sus equipos de fútbol. De lo que se trata es de elucidar la enajenación exponencial que se está produciendo en esta “posmodernidad” del fútbol chileno en lo pertinente a las hinchadas.
Sospecho que, en un plano más especulativo, existen hinchas mujeres que deciden ser hinchas de “la” Universidad de Chile (como si la Universidad de Chile fuera un equipo femenino, como toda universidad) para ser más lindas, más sexys, y van y se sacan fotos con sus camisas ajustadas del equipo.
También podría hacerse el ejercicio con respecto a la música inglesa (Universidad de Chile) versus la otra música (Colo-Colo); con respecto a la música antigua, ochentera (Universidad de Chile, perdedores que necesitan un pasado) versus la música nueva, contemporánea (Colo-Colo). Algo polémico: se podría hacer el mismo ejercicio respecto de la música chilena (Universidad de Chile, el culto a la decadencia de Los Tres, el respeto al pasado de lo añejo: Inti Illimani) versus la otra música (Colo-Colo). Por supuesto se podría hacer el mismo ejercicio respecto de la ironía (en un asunto que no tiene que ver con el fútbol). Porque hay mujeres (y hombres también) que usan una ironía de la máxima confesión, aparentando que nada les interesa, en una lógica del intercambio subjetivo de secretos. Estas mujeres, que representan el espíritu decadente de la Universidad de Chile, ironizan con unas formas tan añejas, con un espíritu tan pobre de apetencia, que se mueven en la máxima enajenación posible. Las mujeres de la Universidad Católica se saben estúpidas, ellas lo saben, y, por saberlo, gozan de una apetencia que las determina en su actividad humana y, sin embargo, no han alcanzado el máximo esplendor posible que logra, que no puede sino lograrlo el sentido común. La ironía, que representa el espíritu de la Universidad Católica, es una ironía de la timidez, del secreto, de la mirada, semejante al espíritu irónico de la mujer de Colo-Colo. En cambio, la ironía de la mujer de la Universidad de Chile queda subsumida en la lógica de la máxima expresión, de vivir máximamente el instante, la noche, para gozar de una ilustración de la vivencia que, en la vida real, no sirve de nada.
El sueño de la mujer de la Universidad de Chile es aprenhender todas las noches, todos los instantes, y sacar leyes generales para así ganar para ella misma conciencia. Pero el objeto siempre se le escapa porque, en su origen, está enajenada. La ironía no se determina a lugares y circunstancias. Puede nacer en cualquier ámbito. Dejémoslas posar para las fotos con sus camisetas azules fuera de lugar para hacer uso de una ironía añeja: la de decirlo todo y, con ello, no decir nada, o, en otras palabras: decirlo todo de una manera enajenada. Dejémoslas con su extremo saberse de sí enajenado. Dejémoslas en sus bares decadentemente ilustrados, en su calle Santa Isabel y su Bar de Rene. Dejémoslas con su enajenación compartida con sus novios decadentes. Total: gozan, en la vida real, en la vida no futbolística, de la credibilidad de los viejos, de la credibilidad de los ingleses, de la credibilidad del conocimiento, de la credibilidad de Kant, de Stuart Mill, de Michelle, de Velasco.
Ahora veo el país y veo la enajenación: niños completamente enajenados escapando de la normalidad (de los flaites, de lo supuestamente inferior) hacia la música inglesa, hacia los clubes nocturnos con toda su decadencia ilustrada. Es perfectamente posible y esperable que el Club Miel o la discoteca Blondie este llena de estudiantes de medicina, de arquitectura, de filosofía, de antropología (por no nombrar las áreas de la gente que conozco y que va a esos lugares). Es horrorosamente esperable que la totalidad de los trabajos sociológicos que se han hecho con respecto a la juventud se centren en condiciones materiales de producción, es horrorosamente esperable que se centren en condiciones geográficas de producción (que en las periferias se escucha más música electrónica o música clásica como modo de ascensión social y bla, bla, bla.). Es horrorosamente esperable.
Sospecho que hay hombres que fetichizan esa condición, y se fetichizan a si mismos en el ejemplo siguiente. Un hombre, hincha de la Universidad de Chile, tiene que regalarle algo a su novia (que hasta hace un par de años no le interesaba el fútbol), que esta de cumpleaños. Le regala la camiseta azul, que para él es símbolo de un buen cuerpo. Puede sospecharse perfectamente que ese hombre eligió ser hincha de la Universidad de Chile para relacionarse con mujeres supuestamente más lindas. Puede sospecharse perfectamente que las mujeres que son hinchas de la Universidad de Chile eligieron ser hinchas de ese equipo para ser más lindas.
Sospecho que, a su vez, hay hombres que son hinchas del equipo de fútbol de Colo-Colo para ser mas hombres, para alejarse de una condición que los determinaría como hombres civilizados.
Sea como sea: hay una clase de hinchas que hacen una economía simple, y van ha revisar el historial de campeonatos ganados y, de ahí, deciden ser del equipo que más campeonatos tiene. Esa lógica (sin desmerecer a los colocolinos que eligieron ser hinchas de Colo-Colo por ese método) es como decidir instalar televisión satelital marca telefónica por tener un mejor edificio que otras marcas con edificios menores.
Prefiero los hinchas y las hinchas de la Universidad de Chile que me digan: Feli, ahora (después de leer esto) sé porqué soy de la Universidad de Chile, y sé porqué me gusta ser como soy, así que no me importan tus teorías. Ahora: no es necesario que todos sean de Colo-Colo, hay una amplia variedad de equipos que gozan de una situación no enajenada para ser (noten que cuando uno es de un equipo no enajenado esta, no es, eso constituye una condición general de este tiempo: muy pocas personas se atreverían a responder, ante la pregunta ¿de qué equipo eres?: estoy Colo-Colo, estoy Audax Italiano. No: constituye un miedo con los demás miembros de la tribu decir estoy). En otras palabras: toda hinchada tiene un lado negativo que la hace ser. Pero precisamente las hinchadas con más identidad son las más enajenadas (condición de la historia).
El qué sería una situación más favorable, donde no existan (o coexistan) hinchas enajenados de todas las edades con hinchas no enajenados jóvenes (no hay hinchas no enajenados viejos), es decir, donde existan solo equipos no enajenados (es decir, reconciliados con su identidad perdida, coexistiendo en una ciudad sin la violencia simbólica de la enajenación) es materia de otro análisis.
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2 comentarios:
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