jueves, 19 de abril de 2007

Sobre el barrio de Manuel Montt


El barrio de Manuel Montt es, para la gente adinerada, como el barrio de San Diego para la gente normal, común. La gente adinerada baja hasta las tiendas del barrio de Manuel Montt para ahorrar una gran cantidad de dinero. En el barrio de Manuel Montt existen tiendas absurdas que, sin embargo, tienen una gran utilidad. Por supuesto existen universidades e institutos, al igual que en el barrio de San Diego. En el barrio de Manuel Montt existen sastrerías, zapaterías, tiendas de regalos, de artículos fabricados en China, centros de fotocopiado, ciber cafés para los alumnos de regiones que vienen a quedarse sorprendidos por el barrio, por lo menos en sus primeros años de estudio. Así estos estudiantes circulan diletantes, sorprendidos por las luces, de la misma manera que Buena Vista Social Club, aquel grupo cubano, se dejo entusiasmar por las luces de Nueva York y de Rusia y de Ámsterdam, y de Santiago de Chile. Sin embargo quería dar cuenta de una situación muy específica: lo que más me llama la atención del barrio de Manuel Montt es el florecimiento de las tiendas donde venden empanadas, el florecimiento de las fábricas de empanadas, de la variedad de empanadas: de queso, de mariscos, de camarones, de locos, etc. La avenida Providencia es la sustancia misma de la ordinariez y de la barbarie del hombre chileno, de la mujer chilena, del niño chileno y, en menor medida, del abuelo y de la abuela chilena. La avenida Providencia esta atiborrada de historicidad, de Burger King, de Shopdogs, de hapyy hours, de Blocksbusters, de perfumes y de perfumes y de más perfumes, y de mujeres y hombres vestidas y vestidos de colores y de colores y de más colores. Sin embargo: las fábricas de empanadas nacen en el barrio de Franklin, la “democracia” de los accesos a la computación nace en el barrio de San Diego, la “democracia” de los accesos a los libros, a la cultura, a los cines, a los teatros, nace hace años en el barrio de San Diego. Ahora me pregunto: ¿qué tienen que ver las empanadas del barrio de Manuel Montt, del barrio de Marchant Pereira, con San Diego? Providencia dejó de ser un mundo ideal a seguir por todos. Providencia, de ahora en adelante, desde las próximas palabras -las mías- en adelante, condenada está a copiarle todo, no a los modos extranjeros, sino a esa extraña nueva forma democrática: la fealdad del mundo de la cual todos somos parte.

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